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Aquella
gran promesa de la música uruguaya
Psiglo. Enigma y atracción. Síntesis, historia, psicología, el hombre,
son algunas de las palabras que vienen a nuestra mente. Más aquel nombre,
hoy denostado "dinosaurio" en ese infame analfabetismo crónico y soberbio
de los ácidos críticos vernáculos del presente, prosigue creciendo como
leyenda y mito que se niega a morir bajo la piqueta fatal del progreso
que nos impone el inconciente colectivo.
Eran otros años del Uruguay. Los setentas, fueron tiempos de grandes cambios,
contradicciones y explosión cultural. Era el epílogo del proceso político
y social que llevaría al tenebroso golpe de Estado del 27 de junio de
1973. Un país económicamente fuera de aquel sueño de la "tacita de plata",
de la "Suiza de América" de los años 50 y sus vacas gordas de épocas de
guerras mundiales. La clase media, el sostenedor de la economía y la vida
político-social del país, sentía el cimbronazo del reacomodamiento laboral
de una nación que vivía una crisis económica, política y social de difícil
tránsito. Jorge Pacheco Areco (Partido Colorado), gobernaba el país. La
industria, la agricultura y la ganadería vivían épocas de convulsión.
También era la revelación pública de "la otra realidad": la corrupción
desvelada, los gobernantes deshonestos, los desfalcos financieros del
Banco Transatlántico y el Mercantil, el congelamiento de precios y la
veda de la carne para toda la población. Un clima social revuelto, donde
los especuladores hicieron su oro fácil en un mar de aguas turbias y bañadas
de sangre de jóvenes estudiantes como Liber Arce, Susana Pintos, Heber
Nieto y muchos otros que luchaban por un país distinto, que pudiera mirarse
al espejo sin antifaz ni la sombra de los corruptos del poder. Más los
débiles, que crearon las reglas de juego para esconder su condición y
aletargar lo inexorable del fin de su tiempo, se negaban a aceptar que
el Uruguay de la "viveza criolla" y su modus vivendi de "m' hijo el dotor"
(obra clásica y emblemática del dramaturgo Florencio Sánchez)", había
terminado. La lucha por el derecho al boleto estudiantil, la represión
a los sindicatos en sus movilizaciones de mejoras salariales, el nacimiento
de los frentes políticos de izquierda (Fidel, Union Popular), fueron algunas
de las respuestas a un caldo de cultivo creado por la situación que vivía
el país y sus gobernantes para imponer las represivas medidas prontas
de seguridad y el ejército en la calle con su doctrina de "Defensa Nacional".
Los tupamaros aparecían en actos en principio románticos, posteriormente
de sangre en enfrentamientos directos con las fuerzas "del orden" de aquel
entonces.
En EEUU, era el fin del reinado del clan Kennedy en el Partido Demócrata.
El ascendente republicano Nixon endurecería la guerra de Vietnam y la
tensión EEUU-URSS casi llega a sus cotas más elevadas. Era el inicio del
fin del "American Way of life". La bandera de las 50 estrellas, luego
del "susto" de Corea y la inminente derrota en Vietnam, comenzaba a deflecarse.
La sociedad norteamericana ya no era la misma, luego del "milagro del
plan marshall" y comenzaba a resquebrajarse. En medio de toda esa revuelta,
Cassius Clay se convertía al islamismo en Muhammad Ali y perdía su corona
mundial de box al negarse a combatir en Vietnam. Eran los años del ascenso
del "black power" de la comunidad afro-americana, con Malcolm X y Martin
Luther King como principales líderes. El islamismo, proveniente del roce
militar durante la segunda guerra mundial y la reciente de Corea, se instalaba
con firmes raíces en la clase media norteamericana y los sectores intelectuales
del país del norte. Nacían los poetas beatniks como Jack Kerouac y William
Burroughs, trovadores del "hombre nuevo".
"Aullido", sería el génesis del "heavy metal thunder" de aquel himno "Born
to be wild" de los rockers Steppenwolf en el filme "Easy Rider" que sería
la antesala del sentir de la multitud hippie de Woodstock en el verano
de las flores del '69: paz y amor. Sexo libre y drogas, espiritualidad
y antimaterialismo. Un hombre nuevo para cambiar el mundo. A consecuencia
de la creciente guerra fría y el ingreso de Cuba en el bloque socialista,
el planeta estaba expectante. En Europa, se vive el mayo frances de los
estudiantes universitarios. El mundo, parecía cambiar el giro de su eje.
En Uruguay, la cultura vivía uno de sus períodos más febriles y de mayor
expresión creativa. La literatura, vivía el auge de la llamada "generación
del 45", de las cuales surgirían grandes autores como Mario Benedetti,
Eduardo Galeano y Juan Carlos Onetti. Las salas del llamado Teatro Independiente
fueron el baluarte y lugar común para la expresión de todas las vertientes
artísticas. La música popular uruguaya, nacida de las experiencias de
los Shakers ("Los Beatles uruguayos, según la revista argentina Pin Up)
de los hermanos Osvaldo y Hugo Fattoruso, músicos de jazz provenientes
del Hot Club serían el antecedente junto a Gastón "Dino" Ciarlo y su insigne
canción "Milonga de pelo largo". Uruguay, estaba de parto. El alumbramiento
ocurriría en las llamadas "Musicasiones", de la mano de Eduardo Mateo,
Ruben Rada y El Kinto (primer experiencia del candombe beat). Los bailes
de "La Cabaña" (Carlos Martins), fueron otro vehículo importante para
aquella cultura juvenil. Inspirados en Cream y la figura de Eric Clapton,
nacen los power tríos: Opus Alpha y Dias de Blues.
Totem, de la mano de Ruben Rada y Eduardo Useta, funda en "Descarga",
el candombe beat. La sociedad charrúa tendría el eco de estas movidas
a través de eventos como el Festival del Parque Harriague (departamento
de Salto) y, fundamentalmente, de "Discodromo" (en Radio y TV) de Ruben
Castillo, mentor de un hito en la difusión de la nueva música popular
uruguaya de estos años y maestro supremo de futuras generaciones radiales
y televisivas.
"Cuando adolescente tuve un sueño, estaba en un escenario con una batería
blanca, tocando con un grupo que se llamaba Siglo... Parece increíble,
más años más tarde se hizo realidad", me afirmó una vez para la revista
"Epopeya" ( Argentina) Gonzalo Farrugia, baterista de la banda que cambió
la historia de la música uruguaya y el rock en el Río de la Plata de aquel
entonces.
El barrio La Figurita, con sus callecitas de farolitos y empedrados que
tienen "ese que se yo", como decía el polaco Goyeneche, fue el testigo
de aquel sueño que olía a espíritu juvenil. Cuatro amigos, César Rechac
en bajo, Luis Cesio en guitarra, Jorge García Banegas en teclados, Gonzalo
Farrugia en batería en sustitución de Carmelo Albano y Ruben Melogno,
el prometedor cantante de Ovni 87, serían los que labrarían Psiglo en
aquella servilletita de bar de General Flores y Garibaldi.
Cinco cabezas para una sola, como aquel emblemático cerebro de "Ideación",
primer LP de oro de la historia del rock uruguayo, creado por el artista
plástico, escenógrafo de Canal 5 y cantante de la banda, Ruben Melogno.
Psiglo, es la consecuencia de todo un proceso histórico en Uruguay y uno
de los frutos de una generación que vivía inmersa en una gran explosión
cultural. Con notorias influencias clásicas y bluseras de bandas pilares
del hard rock inglés como Deep Purple, Uriah Heep y King Crimson, agregaron
una particular visión del mundo de hoy en temas como "Cambiarás al hombre",
con sus aires a "Fireball" de Deep Purple y su mundo de sueños de un hombre
nuevo en "Vuela a mi galaxia", un tributo a "Easy Livin" de Uriah Heep
y "Highway Star" de Deep Purple que 20 años más tarde versionarían los
postpunks Séptimo Velo y los heavys Alvacast. La introducción de percusión
y elementos del candombe en su pop song e himno "En un lugar un niño".
La mezcla de elementos "progresivos" a la Emerson, Lake & Palmer en "Piensa
y lucha" y el blues in crescendo de "Es inútil", hablaba de la versatilidad
estilística y la capacidad instrumental pocas veces vista y cristalizada
en "Ideación", primer magnum opus del conjunto.
"Psiglo II", fue la madurez y el punto más alto a nivel compositivo. Con
César Rechac en sustitución de Cesio en la guitarra y Gustavo "Mamuth"
Muñoz en el bajo (posterior Mona Lisa, Jesus Figueroa, José Luis Perez,
entre otros), viajan a grabarlo en Buenos Aires (Argentina) con el fin
de asentarse en un medio que los había recibido con los brazos abiertos
luego de sus apoteósicas veladas en los festivales B.A. Rock (71-72).
Un LP casi conceptual y multifacético, adelantadísimo para aquella época
en el Río de La Plata.
Más también, ha sido una febril cuna de héroes fuera de fronteras: Gonzalo
Farrugia (Crucis, Argentina), Freddy Ramos (Ritual, Suecia y Jon Anderson
Band en EEUU), Jorge García Banegas (Asfalto, España) y Hermes Calabria
(Barón Rojo, España).
"Ideación" y "Psiglo II", han sido editados en países como Argentina y
Brasil. Para muchos, aquellos LPS junto a "Los delirios del Mariscal"
de Crucis y "La Biblia" de Vox Dei, son el equivalente del subdesarrollo
sudamericano de obras supremas como "Machine Head" (Deep Purple), "Going
for the one" (Yes), "Lizard" (King Crimson) o "Demons & Wizards" (Uriah
Heep).
Aún hoy, son considerados uno de los más importantes grupos de la historia
del rock sudamericano y publicaciones europeas los sitúan entre los 20
más importantes de la historia del género denominado "hard rock progresivo"
junto a Uriah Heep, Deep Purple, Led Zeppelin y King Crimson, entre otros.
Durante años, el mito de Psiglo creció y alimentó el fervor y ansia popular
de verlos en acción otra vez ya que su silencio, impuesto por la soberbia
del poder del terror militar, no pudo acallar la leyenda de la banda.
Hasta que en 1993 y luego de una sinopsis junto a los ascendentes Níquel,
se integran sin quererlo a toda aquella corriente revival de los años
noventa y su "vale todo" de la generación X. Por fin, ese sueño colectivo
se concretaba: Psiglo, y en vivo. Ya no soñaríamos más despiertos escuchándolos
en "Meridiano Juvenil" (CX 26 Sodre) del inmortal José Nuñez ni en aquellas
ondas del fallecido maestro Enrique Pereyra y su "Rock hasta el mediodía"
(El Dorado FM.100.3). En vivo y en directo, en un evento que congregó
a 6000 personas en la Estación Central de Trenes de AFE en Montevideo
demostrando la convocatoria y aceptación de un público multigeneracional.
Con algunos pelos y canas menos en algunos instrumentistas, demostraron
que, como dice aquel tango, "quien me quita lo bailado" y "por algo fui
malevo de estas calles". Es cierto, eran los años dorados del rock grunge
y su "no future", aquel mismo que tildó de dinosaurios a sus congéneres
como Jethro Tull y que hoy los trataba con igual tenor cuando ni siquiera
habían nacido en los setentas. Pero como cosa quijotesca (de la mano de
Luis Cesio), la ley era otra en el cinturón del hoy: "ladran sancho, señal
de que cabalgamos". Otro cd hubiera sido lo esperado por todos, pero que
decir de un sueño de una noche de verano hecho realidad.
Seis años después, de la mano de Rosario Castillo y Claudio Picerno, se
realizaría un homenaje a Ruben Castillo, maestro de la radiofonía y la
televisión uruguaya. Un hombre al cual la música popular uruguaya y el
rock de aquellos años le debían un más que merecido homenaje. Un Teatro
Solís de pie y en aplauso cerrado, como aquel de la presentación de "Ideación"
tres décadas atrás, obligaron a una noche más en "La Factoría", recinto
del rock por excelencia en Montevideo. La nave, quería volar una vez más.
Aquella reunión de Psiglo, marcaba un hito en la historia de la música
uruguaya. Era un deseo del sentir colectivo, una especie de "lo que pudo
haber sido", el eterno látigo del destino y de la suerte, esos viejos
zorros, crueles y embusteros que se llevaron aquellas flores de ensueño.
Más también y al igual que con la vuelta de Alfredo Zitarroza, el Sabalero
y Los Olimareños, entre otros, se cerraba un capítulo de la cultura uruguaya
y el broche ¿final? de una parte importante de la identidad nacional.
"Psiglo, ideación y después", titulábamos en el diario "La República"
de aquellos años. Y no son solos postales amarillentas olvidadas en un
cajón empolvado de recuerdos. Los ídolos del hoy continúan nutriéndose
de aquella ambrosía de filosofía y música que fue la obra de estos cinco
músicos. Es la mejor herencia que puede recibir la música sudamericana
del presente, el legado vivo de aquellos que, como el principito de Antoine
Saint Exupery, creían que había que buscar la belleza mirando más allá
del horizonte.
Ojalá que Psiglo no se convierta en el Maracaná de la música uruguaya,
la última gloria de una raza que ya no existe y todos empecemos a creer
de una vez por todas que, realmente, el sur también existe.
Ernesto Sclavo
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