| El Carnaval uruguayo
El español Julio Baroja, en su análisis histórico-cultural del carnaval,
resume prácticas carnavalescas comunes a fines de la Edad Media:
Arrojar salvado y harina
Correr gallos
Mantear perros y gatos
Colgar a la cola de estos animales vejigas, cuernos, etc.
Arrojar agua con jeringas
Apedrearse con huevos, naranjas, u otros objetos
Aporrearse con porras y vejigas
La importación de algunas de estas prácticas por parte de los primeros
pobladores de la ciudad de Montevideo, dieron origen a los festejos de
carnaval en nuestro país. Como anota J.C. PATRON, es posible que en el
año 1760, cuando fueron presupuestadas dos fuentes que se transformaron
en los Pozos del Rey, las "guerrillas acuáticas" se difundieran y conformaran
las primeras prácticas populares de manifestación carnavalesca. La costumbre
de tirarse con huevos frescos o vaciados y rellenados con agua, completaban
a semejanza del carnaval medieval Europeo: en el año 1585, un observado
anotaba que en el carnaval español existían "muchas bombas de olor con
cáscaras de huevos".
Los sucesivos intentos oficiales de "racionalizar" las prácticas de carnaval
comenzaron ya a fines del siglo XVIII, cuando el gobernados español Don
José Bustamante y Guerra dictó un bando el 2 de febrero de 1799, que prohibía
jugar con agua y con huevos. El portugués Juan José Durán en 1818 vuelve
a prohibir "Arrojar huevos de avestruz, de gallinas y de otras aves grandes,
no otra cosa que pueda molestar al público"; y Don José Ellauri en el
año 1831, también intenta reprimir enérgicamente las batallas de agua
sin el éxito esperado. Recién el decreto dictado en mayo de 1870 por el
presidente Lorenzo Batlle, que autorizaba a "Los Jefes Políticos para
prohibir el juego del carnaval del modo como se ha practicado hasta la
presente época"; puso fin a estos festejos generalizados, privilegiando
las representaciones artísticas que ya en esa época habían pasado a ocupar
el centro de atención del público montevideano.
La progresiva institucionalización y manejo oficial de nuestro carnaval,
sustituyendo las prácticas de carácter espontáneo imperantes durante todo
el siglo pasado, avanzaba coincidentemente con la conformación de una
nueva cultura escrita. La población montevideana a fines del siglo XIX
estaba caracterizada por dos rasgos sobresalientes que incidían directamente
en sus formas culturales: "la temprana urbanización y europeización de
hábitos y mentalidades a través de la inmigración". En este contexto terminan
por imponerse los modelos europeos de festejos de carnaval, especialmente
el prestigioso carnaval de Niza con todas sus influencias renacentistas.
Un observador europeo describe el "corso" del carnaval de Montevideo del
año 1868:
"El cortejo carnavalesco es inmenso -precedido por el Teniente General
de Policía- con un piquete de caballería y música militar al cual siguen
esos numerosos carruajes, públicos o particulares... Está compuesto por
encaramados sobre carros alegóricos y grotescos, y comparsas (organizaciones
de artesanos o sociedades musicales), llevando cada una ricos trajes del
mismo diseño, las cuales caminando acompasadamente -con un pendón adelante-
ejecutan alternadamente los más bellos trozos musicales".
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