| www.delinterior.¿qué? o el impenetrable oído del gaucho
Son
las diez y media de la mañana y en un pueblito del interior la radio local
transmite el programa preferido por el 42% de la audiencia en su horario:
"Juegos y música", un poco de adivine la canción o recuerde la letra endulzado
con el tropical-uruguayo ritmo de cumbias. A la tarde, luego del informativo
local donde nos podremos enterar de los internados en el hospital, podemos
seguir divirtiéndonos con "Show tropical". Y a la noche los quinceañeros
pueden solicitar sus temas preferidos de Elvis Crespo y compañía en "Que
locura".
Los últimos sones de música nacional (discriminaremos a la cumbia por
razones que no vienen al caso) emitidos por esta radio datan del año 1995.
"Todos goleando" del Pájaro Canzani, la anterior cruzada del Cuarteto
de Nos y algunas emisiones esporádicas de Rada y Jaime Ross, han sido
la música uruguaya difundida por aquellos lados y según he podido indagar
este fenómeno se repite mas o menos de igual manera desde el Santa Lucía
al norte.
Lo que quiero decir (por si no quedó claro) es que la presencia de música
nacional en el interior es prácticamente nula; la presencia de cualquier
tipo de música que no sea de difusión masiva es prácticamente nula. ¿Por
qué? Porque a la gente no le gusta. Como no le gusta a casi toda la gente
en el mundo aquella música que no venga empaquetada con efectos especiales
y luces de colores. No se enoje, usted me dirá que si, que hay gente que
prefiere y decide en profunda relación con su alma aquellos sonidos que
expresan sentimientos, valores culturales o solamente le brindan la inigualable
fruición de la música. Si, pero son minorías. Minorías pero son. Y ese
es el tema que me interesa abordar.
En Montevideo como en todo el mundo y como en el interior la mayoría sigue
un camino, pero también hay minorías como alternativa en donde pueden
participar quienes no sigan a las masas. Y el dilema con nuestro querido
pueblo del interior es que no hay minorías, no existen.
La masificación deja sí aliados a los "rebeldes", los "rebeldes" dispersos
emigran o se masifican para poder vivir.
Los factores que influyen para que no haya minorías son muchos y uno muy
importante es la cantidad de gente. En una población de 15000 personas,
siendo generosos puede haber 150 que tengan gustos (por decirlo de algún
modo) similares.
Si hacemos un cálculo a escala, en una ciudad de un millón, esos 150 se
transformarían en diez mil personas. Ciento cincuenta personas no son
un público considerable para ninguna actividad sumándole que no tienen
vínculos socializantes que nos permitan decir que realmente contemos con
150. Y si hipotéticamente lograra aparecer, no tendría donde alimentarse,
compartirse y desaparecería antes de nacer. Sin embargo en el grupo de
diez mil hay más posibilidades para que finalmente se unan porque entre
otras cosas son un mercado. A esto hay que sumarle el machismo como condición
fundamental para alejar más a las mujeres que a los hombres de actividades
que no sean las socialmente establecidas, y por ello poner otra gran barrera
para la formación de grupos minoritarios. -Muy lindo lo que me cuenta
señor pero en esta reunión no hay percantas para decirles mis versos de
poeta- diría Alejandro Dolina. Si a esto le sumamos el susodicho bombardeo
de los medios masivos con sus modelos y promesas, y traemos nuevamente
el problema de la cantidad de gente (medios mas chicos, mayor presión
social), podemos finalmente reconocer por qué la diversidad, no ya solo
musical, sino cultural en general en el interior prácticamente ha desaparecido.
Así las cosas sobreviene la pregunta ¿qué se puede hacer?. El panorama
es bastante desolador. Estamos hablando de cuestiones de identificación,
con modelos de vida que ya están muy arraigados, con la soledad como promesa
real para quien no cumpla con sus directivas. La respuesta entonces no
puede venir desde donde está el problema porque como ya vimos no hay ámbitos
ni siquiera para generar su discusión. Los medios locales directamente
alimentan la uniformidad ofreciendo productos de muy bajo nivel, en base
a formas de manejo empresarial que sería interesante tratar en una próxima
nota, y la parte oficial por diferentes razones no tiene participación
y ni siquiera demuestra interés en el tema.
Naturalmente lo aquí escrito puede ser objeto de discrepancias, por lo
tanto esperamos que quien tenga otra idea de la situación nos la haga
saber y quizá desde ahí estemos generando posibles caminos para que la
cosa cambie. Mientras tanto me voy, parafraseando a los Diablos Verdes,
a enviarle mi carta a la familia tolerante del interior. No he de olvidar
incluir el ultimo compacto de Natalia Oreiro.
Martín Bautes
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