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El Cuarteto de Nos :: Remeras Oficiales
 
Luego del su último disco de Grandes Éxitos, el CUARTETO vuelve con un disco totalmente diferente. Un disco que se caracteriza por ser más duro, con un paisaje sonoro que va del Rock pasando por el Country Folk. Raro ®, contiene 12 canciones nuevas de El Cuarteto de Nos, 12 temas llenos de ironía, acidez, humor negro y mala onda, en las que reina la confusión entre los valores y los antivalores. 12 canciones explosivas, con un sonido nuevo, realmente disfrutable de principio a fin. Ahora podés conseguir las remeras oficiales de la banda.
 
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Ana Karina Rossi
El Tango en Roma viene arrasando

París aplaude al tango de nuestra orilla

Rubén Juárez, el rockero del tango argentino

Carlos Bassi
Cambio de planes
Jorge Drexler cantó en la gala de los Oscar


Coriún Aharonián
Explicando la ley de derecho autoral

Daniel Hofer
No Te Va Gustar en Argentina

Daniel Porciuncula
Carnaval del uruguay

Hernán Gonzalez
El componente humano en la música electronica

Jorge Barral
Desde mi atalaya

Desde mi atalaya - De Madrid al cielo

Desde mi atalaya - Los caminos de la vida

Desde mi atalaya - Rompan todo

Desde mi atalaya - También existe el infierno

Jorge Bonaldi
Capítulo I - El Canto Popular Uruguayo

Capítulo II - Alegría y Consumo

Capítulo III - El malón que viene detrás

Capítulo IV - El imperio contraataca

Capítulo V - Una especie de balance final

Capítulo VI - Reflexiones Surtidas

Capítulo VII - Transición y Destrucción

Diferencias 1 y 2

Izquierda y Pop Latino

Juan Bervejillo - La Chancha
El rock es una cosa de tocar mal

Odio a los mártires del rock

Piercin rock

Leonardo Scampini
Alvacast: 20 años después del Abismo

Buenos Muchachos

Buenos Muchachos II

Cambio de hábito (del CD al MP3)

Candombe en el tiempo

Cultura en rotación

El disco y su manufactura

El mejor Cabrera

La década del cero

La industria del disco: Una Radiografía

Le Giba, La conexión sixtie

Música popular y crítica musical

Rock en Uruguay (1960 -1975)

Volver al futuro (La obra de Jorge Lazaroff)

Martín Bautes
www.delinterior.¿qué? o el impenetrable oído del gaucho

Mtro. Esteban Gil
Nosotros y el sonido

Sonidos que curan

Pablo Sciuto
Aventuras y desventuras de un músico por el mundo

Grabación digital: herramienta pro creativa

Pablo Van Lagat
Historia breve del metal - Capítulo I

Historia breve del metal - Capítulo II

Historia breve del metal - Capítulo III

Historia breve del metal - Capítulo IV

Paola Pacheco
Cuando la fama no es puro cuento

En diciembre el Interior volverá a hacerse escuchar

Renzo Teflón
Computadoras acaloradas

Dispositivos activos para instrumentos eléctricos

Software para música

Ventajas de la circuitería activa en guitarras y bajos eléctricos

Ventajas de la circuitería activa en guitarras y bajos eléctricos - 2

Wilson Saliwonczyk
El tango y los payadores

 
 
Capítulo II - Alegría y Consumo

INFORME PUBLICADO EN
* Revista "La del Taller" Nº 3 Montevideo, abril/mayo, 1985

Creo que la estupidez llegó a un nivel francamente alto cuando en algún momento alguien dijo, -incluso apoyado por algún medio de difusión- que era necesario hacer "canciones alegres". Porque, al parecer, ya bastantes problemas teníamos para ponernos a hacer pucheritos por una canción. Porque , al parecer, eso de emocionarse es de gente triste. Porque, al parecer, el dar rienda suelta a la sensibilidad frente a un hecho artístico profundo, es cosa de viejos aburridos. Y claro está, "nosotros somos jóvenes y tenemos que ser alegres" (textual).

Y divertidos.

Seguro.

Como si la pérdida o recuperación de algo tan importante como la alegría dependiera sencillamente de la fabricación en serie de cierto tipo de canciones.

Como si el arte pudiera ser triste o alegre. Pavadita de simplismos ¿no?.

Tiene lugar entonces el nacimiento de una suerte de "alegría militante" (...tenemos que ser alegres...), (eso sí, la auténtica alegría no se divisa ni debajo de las piedras). Y...todo el mundo a mover la colita. Y los piecitos. En los recitales compartidos se ve claramente que empiezan a "triunfar" los más batuqueros. A ver esas palmitas. Candombailes van, murgandombes vienen. La muchachada "progre" de Montevideo, candombea y se "recopa" con sobredosis de barriosur y conventillo en bailes en los que, por cierto, no se divisa un negro ni en cinco leguas a la redonda.
¿Qué? ¿Está mal que la gente baile?
No. Todo ciudadano tiene el inalienable derecho a menear sus partes pudendas cuanto le plazca. Pero también tiene otros derechos, ej.: el de razonar, tan escasamente usufructuado.

Pero nada. Todos contentos y a no preocuparse mucho por desmenuzar lo que nos tocan (aunque lo que nos toquen sea alguna de las partes antedichas), porque no hay demasiado tiempo para andar desmenuzando nada. "Nosotros no somos músicos y estamos en otra cosa. Nos limitamos a bailar, consumir discos y programas de Canto Popular. El análisis es para los especialistas, gente iniciada. En cambio, para nosotros que no entendemos nada, la música es más bien un acompañamiento, una razón para pasar un rato juntos y bien, y luego cada uno a lo suyo".

Juro que, una miguita perplejo, he escuchado frases como ésa de más de un componente de nuestra bienamada pequeña burguesía radicalizada. Lo juro. Lo juro por la caravanita del Sabalero.
Así que, alegría, alegría y a ver esas palmitas. Y esos tamboriles.

Fenomenal. Llegados a este punto, Michael Jackson se da la mano con nuestras lonjas sureras. Algo así como un encuentro la nada. Porque tanta nada se acumula en un caso como en el otro cuando la alegría se empieza a confundir con el aturdimiento. Luego, dando lo mismo chicha que limonada, bastará que desde el escenario llegue bastante barullo, tamboriles guitarrazos, etc., saturando alguno de nuestros sentidos. He visto últimamente algún recital en el cual el solista acompañado de una guitarra acústica era recibido con una tibieza de aplausos. Pero cuando entraba a sonar "la pesada" (guitarras eléctricas, baterías, etc.) la gente deliraba aunque no entendiera un pito la letra. A lo mejor Ud. también lo vio. No se me haga el sota.
Y otro asunto. Acostumbrados como estamos a permitir la sistemática penetración de nuestra voluntad, a permitir que OTRO piense por nosotros para indicarnos qué debemos comprar, qué debemos hacer, qué no debemos hacer, nuestra juventud también pasa a consumir productos de izquierda. Surgen así los ídolos del canto contestatario, se firman autógrafos, se consume protesta, se consume desexilio , se consume Revolución Cubana, se consume Canto Popular con alegría prefabricada incluída, se consume, se consume, se consume. Luego se gasta y se tira. Y venga otro. Se consume, en fin, lo que gusta, sin pensar demasiado que el gusto colectivo es severamente diseñado siguiendo normas de inducción al consumo.

Se compra lo que está impuesto, también sin pensarlo demasiado. Y creo que ahí está el "quid" del asunto. PENSAR o NO PENSAR.

El sistema bajo el cual vivimos tiende a anular nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. El ojo-apéndice del Hermano Mayor se cuela en nuestras casas, en nuestras existencias, y nos bombardea: COMPRE TAL, BEBA CUAL, FRÓTESE CON ESTO, HAGA GÁRGARAS CON LO OTRO, PÚRGUESE CON AQUELLO, COMPRE EL DISCO DE FULANITO, TENEMOS QUE SER ALEGRES, etc.

Y ya no tenemos que pensar en más nada. Simplemente limitarnos a recibir estímulos. Órdenes. Y luego obrar en consecuencia: casi nunca según nuestra verdadera voluntad. El Canto Popular y su público no han escapado a esto, tal cual se vio que evolucionaban (o involucionaban, más bien) las cosas hacia fines de 1984.

Por otra parte, el desacostumbramiento a pensar conlleva otras atrofias: pérdida de discernimiento, pérdida de opinión, pérdida de selectividad, pérdida de capacidad análisis, pérdida de interés por el análisis. En tales condiciones es fácil llegar a confundir alegría con aturdimiento, emoción con tristeza. En esas condiciones es fácil que alguien nos induzca a aceptar que la música nos pueda traer la alegría, en lugar de ser , como probablemente es, una consecuencia de nuestra idiosincracia.

Por su parte, la alegría, la verdadera alegría, la constante, la que quisiéramos para cada uno de nuestros actos y momentos, ésa, no vendrá por mucho que aquí se cante, se baile o se zapatee, si previamente no se derriba hasta la última de nuestras frustraciones individuales y colectivas.

Ah! Y por favor, mientras tanto, no le andes pidiendo aspirinas a la canción, que la pobrecita no tiene la culpa de nada.

Montevideo, abril,1985

www.uruguaymusica.com

Jorge Bonaldi

 
 
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